Hay experiencias que duelen y que es una mierda tener que vivirlas. De alguna manera logran desequilibrarte, y te hacen sentir tan horrible que lo único que quisieras en el momento es poder dormir por días y días y desconectarte del mundo, como si de alguna manera se fueran a solucionar las cosas mágicamente mientras lo hacés.
No hay consuelo que valga cuando te sentís así. Por más que te digan que de las experiencias se aprende, que el tiempo todo lo cura, que hay personas que no están destinadas a estar en nuestra vida de ninguna manera, y demás frases hechas ( aunque no por eso erróneas); sentís que no hay palabra que aplaque el dolor que tenés. Y no sabes ni siquiera como explicarlo, porque por más que trates de hacerlo, y que la gente que te quiere se esfuerce por entenderlo, es algo tan profundo y tan tuyo que es imposible de comprender para cualquiera que no haya transitado lo que pasaste vos. Son tantas cosas juntas que no sabés bien ni que son, si dolor, tristeza, bronca, arrepentimiento, o qué. Es una pelota de sentimientos tan grande y tan mixta que termina siendo totalmente amorfa hasta para vos. Y si vos no te entendés, quién más puede...¿no?
Pero hay que pensar que siempre hay algo peor. No es consuelo saber que alguien sufre más que vos, y tampoco estaría bueno que lo sea. Pero siempre que te sentís de esa manera, es normal entrar un poco en el egocentrismo de pensar que probablemente no hay nadie en el mundo que te entienda o que se sientan tan mal como vos en ese momento. Que nadie es NADIE para juzgarte, y que no te merecés estar así. Y si, es así. Nadie te entiende porque nadie lo vivió desde tu lugar ni sabe cuanto de vos y de tu energía pusiste en eso que te falló, por ende, quién no te entiende, no puede juzgarte. Y no, nadie se merece sentirse así, pero es normal y sano que todos lo vivamos alguna vez.
Y ahora, volviendo, siempre hay algo peor, pero siempre nos damos cuenta un poco tarde, cuando va pasando un poco.
Hace unos años alguien que quería mucho me defraudó, y me sentí así por meses, hasta que me di cuenta de que era lo suficientemente fuerte como para superarlo, y ahi me pusé las pilas y en seguida senti mucha paz. Pero hace unos meses me volvió a pasar, y con la persona que se supone que jamás debería defraudarme, o al menos no a propósito. Y ese dolor volvió, y todo lo que había aprendido en aquel entonces, por unos meses me lo olvidé. El dolor tapaba todo aprendizaje que pudiese haber adquirido con respecto a situaciones similares anteriores. Pero bueno, cada dolor es distinto, supongo. Y después de un tiempo, cuando estaba ubicando un par de rayos de luz al final de todo, otro apagón. Me volví a tropezar, tercera piedra. Y como si tropezarse una vez con una piedra no fuese suficiente, me tropecé dos.
Es tan feo que alguien que querés mucho te defraude tanto. Puede pasar una vez, ¿pero otra? A la segunda es una elección, no un error, y eso es lo que da más bronca. Porque aunque hubiese tenido todo el dolor del mundo, perdoné, y saqué fichas de donde no tenía para poder apostar de nuevo, pero fue como ponerlas en un bolsillo roto. Y cuando apostás la idea es ganar, y poder recuperar un poco de lo que perdiste. Pero cuando perdés estas hasta las pelotas, y más cuando sacas de donde no tenes. En vez de tapar el bache, se hace más grande.
Y ahí vamos de nuevo, es horrible, pero siempre hay algo peor. Es muy frustrante querer a alguien que sabes que te va a desilusionar siempre, pero más feo debe ser amar a alguien así. Es espantoso tropezarse dos veces con la misma piedra, porque te hace sentir una pelotuda, pero hay personas que se tropiezan treinta, y lo más probable es que lo hagan treinta y uno, o treinta y dos, o cincuenta...
Por suerte de una vez entendí que no se necesita de una tercera vez para saber que algo está vencido, con dos alcanza y sobra.
Siempre fui bastante egocéntrica, y no fue la excepción. Me fascina tener en la cabeza la idea de poder arreglar cosas que otros no pueden, de tratar de ayudar a cambiar a alguien que se supone que quiere hacerlo. Me da sensación de poder, porque sería ser única en algo. Grave error. A veces, por mucho que te esmeres para podar un árbol, y por más lindo que quede en el momento, cuando vuelva a crecer, lo va a volver a hacer mal. La única solución es arrancarlo de raíz, y plantar otro.
No digo que hay que rendirse, eso jamás. Pero la cuestión es que en algunas situaciones, por muchas cosas que quieras hacer y aunque dejes la vida ahí, hay cosas que simplemente no tienen que ser así. Podés querer a alguien, desearle lo mejor del mundo, a pesar de que no se lo merezca mucho, y tenerlo en tu corazón el tiempo que sea necesario, pero en tu vida no. Y no es un "no" porque si y punto, es un "no" porque no está destinado a ser. Hay una cantidad infinita de cosas que seguro quisimos mucho en algún momento de nuestra vida, pero que tuvimos que largar porque tocaba crecer y pasar a otra cosa. Con las personas es igual. Les podés tener un aprecio terrible, te pueden haber hecho pasar momentos únicos y que vas a tener guardados por muchísimo tiempo, pero a veces las tenés que dejar ir porque sabes que en algún momento va a pasar de todas maneras. Es preferible cortar todo a tiempo (o un poquitiiito tarde) y sufrir un poco, pero quedarte con el alma limpia y con cosas positivas todavía rescatables. Sino es estirar algo hasta terminar de romperlo. Es aferrarte a algo por el simple hecho de que en algún momento te hizo feliz, pero descascararlo tanto buscando algún resto de esa alegria que te dió, que en algún momento lo terminás desarmando y te quedás sin nada lindo para guardar. Y sin nada de nada, porque se arruinó todo.
No sé, que se yo. No me voy a hacer la filosófica ahora, pero son las ideas que rescato de cada experiencia que fui pasando. Al menos me deja tranquila.