Dicen que al fuego si no lo alimentas, en algún momento se consume. Al mío le tiraron dos baldazos de agua fría y todavía queda ahí una llamita que no se quiere apagar. Que todavía tiene esperanza de, en algún momento, volver a crecer. Y yo no la quiero apagar. No puedo. Hasta no escuchar lo que necesito no puedo.
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