Me acosté en el pasto y me puse a mirar como la luz del sol se colaba entre las hojas de la palmera que se iban sacudiendo con el viento. Cuando me empezaron a arder los ojos, giré la vista y me puse a mirar el resto del cielo. Estaba despejado y había tres o cuatro golondrinas que volaban bien alto y en círculos. Salvo una, que si bien volaba en círculos, no volaba tan alto como las otras. Me di cuenta porque se veía más grande, mientras que con las otras solamente se distinguían manchas moviéndose en el cielo.
Lo único que hacía era mirarlas. Me llamaba la atención la altura que tenían de diferencias entre una y las otras. Miraba fijo al cielo intentando descubrir en dónde terminaba, pero se me hizo imposible entre tanta inmensidad.
De la nada apareció una nube, de esas pasajeras. Los pájaros cada vez se alborotaban más, y de a poco empezaron a desaparecer. Sí, desaparecieron todos menos la golondrina solitaria que seguía volando en el mismo lugar, como si no supiera que hacer. La nube iba a avanzando muy rápido, hasta que llego a pasar por encima del pájaro que seguía volando confundido.
Seguí mirando fijo y recién ahí me di cuenta que el cielo llegaba más lejos de lo que yo pensaba, la nube me marcó la diferencia. Si bien estaba alta, muy alta, más arriba había una inmensidad muchísimo más grande de la que me separaba a mí de la nube. Ella seguía avanzando, pero sin embargo tenía la misma forma. Avanzaba toda a la vez, no se deshacía, mantenía su cuerpo del mismo tamaño, o incluso se hacía más grande. Seguramente en algún punto, mucho más adelante, se iba a desatar una tormenta.
Sí, los problemas mantienen la misma forma. Sin embargo, si no los solucionás van a seguir creciendo y en algún momento se te va a desatar una enorme tormenta. Y vos vas a seguir ahí, sola y volando en círculos, bajito; mientras todos los demás van a estar volando alto en alguna dirección, con un propósito que vos no vas a tener.
Dale, si llegaste hasta esa altura es porque vos podés, que una nube pasajera no te deje sin ganas de seguir; no vale la pena por más problemas que contenga. Superala, ganale, sobrevolala, que arriba de ella hay mucho más para volar. Sí, te falta el doble, el triple, o hasta más del quíntuple del camino por recorrer. Con más nubes y seguramente con muchos chaparrones, no te lo puedo asegurar; pero yo doy fe de que vos podés.
¿Sabés? Yo tengo un sueño, pero es complicado y hay una nube muy grande, pero voy a llegar. No importa si tardo, no importa si la altura me empieza ahogar, no importa si no lo aguanto, no importa si las lágrimas se me escapan (ni de tristeza ni de felicidad, es que la fuerza te hace llorar), no importa si me agito, no ME importa. Voy a llegar, simplemente no me importa dejar algo de vida, literalmente, para cumplir mi sueño.
¿Por qué esta desición? Porque hoy elegí ser feliz sin importarme las consecuencias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario