martes, 28 de diciembre de 2010

Fiestas.

Fue un fin de año complicado. Integradoras, materias, muchos examenes y la cabeza que me estallada. No podía pensar en nada más. Bah, en realidad no quería, "piloto automático de ahora en adelante Tef, no hay tiempo, olvidate". Y como todo tiene un final, todo termina, chau colegio. No solamente examenes en mente; Entrega de medallas, cena y festa de egresados y NERVIOSSSS, emoción, ansiedad, melancolía. Nuevas etapas.

Y sí, mirá cuantas cosas para un mes. Necesitaba bloquearme y no pensar en nada. No llorar, olvidarme, no pensarte. Pero reitero que todo termina, y a medida que cada cosa iba quedando en un día anterior, un poquito más de vos abarcaba mi cabeza otra vez. Y las cenas y reuniones se pasaron, y los examenes tambien (aunque alguno que otro se pospuso para el segundo mes), y el 24 de diciembre se hizo presente. Odio los 24 porque me lavanto temprano y trabajo hasta las 9 de la noche, lo sabías (¿o sabés?). Pero amo cuando empieza a llegar la gente, y en menos de una hora llegamos a ser más de treinta personas con una historia y una sangre parecida, y con ganas de no estar en otro lugar en ese momento que no sea en el que están.

4 de noviembre-24 de diciembre, cincuenta días sin vos y estaba bien. Te extrañaba, me moría por abrazarte y tenía ganas de decirte algunas cosas, pero no lloraba, estaba todo bien. Cincuenta días de "salud" mental y de repente me encontré un 25 de diciembre a las 00:00 hs con treinta personas, que de un segundo a otro ya no me importaban, brindando al rededor mío y yo como una pelotuda buscandote entre todos para desearte una Feliz Navidad. No sé si fue un exceso de bloqueo de mi cerebro o si mi inconciente me jugó una broma bastante pésima, pero tenía una seguridad tal que si alguien me preguntaba "¿qué hacés?" en ese momento, le hubiera contestado "buscando a mi abuelito para saludarlo". Y no sé, hice un click y te juro por lo que más quiero en la vida que recién en ese momento se me cruzó por la cabeza que estabas muerto.


Ahora muchas cosas tienen sentido. Por eso no siento tu olor y absolutamente toda tu ropa está limpia. Por eso hace mucho que no como un churrasco como la gente, ni salgo al patio a la noche para desearte buenas noches, ni escucho historias raras, ni prendo la tele y está todo desconfigurado y encima en History Channel con 22 de volumen. Por eso cuando pongo la mesa mi mamá agarra un plato y un vaso y los guarda, y por eso debe cocinar menos también.
Lo único que se me ocurre decirte por todo eso es que me perdones.

Me acuerdo que era 3 de noviembre y me dijeron que ya no estabas bien, y después de un mes de haberlo pensado seriamente decidí que te iba a decir todo lo que sentía y que te iba a agradecer por todo lo que me diera el tiempo de agradecerte en el momento en que te viera, pero ese día ya no me dejaban entrar. Pero te lo tenía que decir a toda costa, así que al otro día falté al colegio y estaba decididísima a levantarme temprano para entrar ni bien me dejasen pasar. Típica mía que revoleo el despertador, todo el que me conoce lo sabe, así que "papi, ¿me despertás a la misma hora que me despierto siempre? Así voy tempranito". Y no, papi me despertó más tarde. Le pregunté si se había olvidado o si yo me volví a costar y me olvidé como suelo hacer, pero me dijo que no, que hacía un ratito te habías ido lejos y que no ibas a volver más, pero que ya no te dolía nada y que estabas tranquilo. Me limité a un "bueno, duermo un rato más entonces". ¿Lo podés creer? No se me ocurrió nada mejor que decir, así que seguí acostada nomás. No me dormí, pero seguí acostada pensando en que me había quedado con un abrazo enorme, muchos "te amo" y muchos "gracias" para vos.
Por lo único por lo que estoy feliz es porque el último día que te ví vivo fue el 29 de octubre, en mi cumpleaños, y porque cuando me despedí te dije "te amo abuelito". Ese va a ser el regalo más lindo e insuperable de cualquier cumpleaños que haya tenido o pueda llegar a tener.


Pero hoy ya son cincuenta y cuatro días sin vos y sigo con más ganas todavía de darte un abrazo. Todas esas palabras que me quedaron las siento cada vez con más fuerza. Te empecé a extrañar cada segundo un poco más y no hay nada que me haga sentir mejor.
Por eso es que lo único que se me ocurre decirte en que me perdones. Por no haber tenido huevos para ir a despedirme cuando tendría que haber ido. Por haber desaprovechado los últimos seis días de tu vida. Por no haber llegado a despedirme, y por si en algún momento de esos últimos días, si estuviste conciente en algún momento, hayas llegado a pensar que no te quería ir a ver o tenía mejores cosas que hacer. No había nada mejor que vos, cada minuto pensaba en vos, nada más que capaz no tengo tanta fuerza como pensé que tenía, ni manejo las palabras tan bien como pensé que las manejaba.

En cuanto al título, de lo que menos hable fue de las fiestas. Pero me parece lógico que se llame así, porque mi "desbloqueo" mental empezó en Navidad, y porque nunca tuve tan pocas ganas de que llegue Año Nuevo. Entre treinta personas, aunque fueras único, sobreviví mejor. Pero no creo que un brindis de cuatro iguale al que solía ser uno de cinco personas; me vas a hacer mucha falta. No solamente el 1 de Enero a las 00:00 hs, sino toda mi vida. Pero no fuiste la primera persona que perdí en mi vida, y aunque me duela no vas a ser la última; y hay que aprender a vivir con eso.


Cincuenta y cuatro día sin vos. Perdón otra vez, quería no sentirme culpable y no extrañarte, no olvidarme de vos.
Y espero que no moleste que haga tantas notas con respecto al tema, pero ni se compara con la cantidad de notas mentales que ya me hice.


Te amo mucho abu, como siempre/como nunca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario