Él sabía entenderme, siempre lo supo.
No estaba luchando en contra de nadie más que de mí misma. Estaba pendiendo entre la vida y la muerte, esperando
sin esperanzas que apareciese
un signo, una persona, un gesto, un abrazo, una palabra que me salvase de mi muerte inminente. Y la nada misma.
Nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario