El sábado salí, como los siete anteriores. Sí, ocho fines de semana seguidos, rarísimo en mí que suelo salir una vez por mes y mil gracias. No es el tema igual.
La verdad es que no me puedo quejar, la pasé demasiado bien a pesar de que a último minuto se hayan cambiado los planes, cosa que suele irritarme exageradamente (no lo niego, me irritó al principio). Tomé un poco más que de costumbre, pero igual nunca me hace nada, y no fue la excepción. Yyy...después de casi 7 meses fumé. Uno o dos cigarrillos nada más, pero fumé. No sé por qué, venía bien. O sea, no es algo que me afecte, porque por suerte haga lo que haga no me genera adicción. Desde que lo probé hace cinco años, paso meses enteros sin tocar un cigarrillo y ni siquiera me acuerdo. Pero, re¿itero, no es el tema. El tema es el por qué.
Tengo tanto miedo de que me vuelvan a pasar estas cosas. De que me dejen de querer, de que me dejen de lado, de no estar a la altura de la situación, de quedarme sola. Amo a mis amigas con toda mi alma, a todas y cada una de las seis, con todos sus defectos y virtudes, todas, enteritas. Pero odio tener esa sensación de que soy el sapo de otro pozo. De que sigo en el grupo simplemente porque ya estaba. Ese sentimiento de angustia que se genera cuando sé que se hacen o dicen cosas de las que no formo parte. ¿Por qué siento eso? ¿Es del todo cierto, o son cosas que mi cerebro empieza a imaginar a partir de ciertos disparadores? Y digo del todo cierto, porque sé que algo de razón tengo. O quizá no, no sé.
La única verdad que sé es que ya no soy esa persona que salía de joda hace un tiempo y tomaba, y fumaba, y estaba con quién quería. Sigo estando en edad, pero siento que esa etapa mía ya quedó atrás. Me pasaron muchas cosas, tuve un cambio interno tan grande que es dificil de imaginar (y de explicar ni hablar);y hubo muchos factores externos que también ayudaron, y no pienso que sea tan negativo. Ponerme de novia con Gonzalo ayudó muchísimo a que madurara. En cierta forma necesitaba estar un poco más a la altura de las circunstancias, y a su altura. Y la verdad, no le reprocho nada. Si hay algo que hoy le agradezco a la vida es tener a una persona tan hermosa al lado mío, sin él no sé que quería de mí. Es mi sostén, mi cable a tierra, mi todo. Por el dejé de fumar, dejé casi de tomar, trato de dejar de vomitar (no digo dejé, porque mentiría), trato de estar alegre y sonreir aunque no tenga ganas. No sé, hasta diría que trato de ser feliz, pero sería mentira porque no trato, soy feliz. Me hace feliz. Pero bueno, esto no es sobre él (aunque abarque mis pensamientos mientras escribo).
No sé que me pasa, no sé que voy a hacer (ni a ser). No quiero volver a ser la loquita fiestera que era, pero parece que es la única manera en la que me hago encajar y sea parte de algo. Andá a saber.
Espero que valga la pena.
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