Siempre tuve una obesesión con saber las cosas. Lo que piensa la gente a mi al rededor, lo que opina, lo que siente (sobre todo si me incluyo en algo). Pero no exagero cuando digo "obsesión", llega a ser enfermizo. Es algo que abarca mis pensamientos por completo. Me empecino y no paro; no puedo.
Es irónico que teniendo al alcance de la mano el conocimiento de mi futuro no lo quiero saber ahora. Nunca lo admitiría, pero acá me siento libre: no lo quiero saber porque me da miedo. Pero no inseguridad, incomodidad o miedito. Realmente es un miedo atroz que me hace llorar y deprimirme tanto al punto de estar horas tirada en la cama imaginando para mi ese mismo futuro que siempre vi tan lejano, tan bizarro, tan pelotudo.
Quiero hacer las cosas bien y no me salen. Estoy más que segura de lo que me espera, pero no quiero confirmarlo. No lo puedo creer, no estoy lista, y no quiero crecer así. Le busco una explicación, y aparte de que se me viene a la cabeza "porque sos una pelotuda", otra cosa no se me ocurre.
Literalmente siento que el cerebro me arde. Me va a explotar la cabeza de tanto pensar, y los ojos si sigo llorando tanto (la hinchazón ya casi es crónica).
No es un texto, son oraciones, frases y sentimientos que fui escribiendo al azar a medida que se me venían a la cabeza. Tampoco está bien escrito, ni nada, no es nada de nada. No está destinado a nadie, pero necesitaba hablar de una vez sinceramente, aunque sea por acá, porque el tema de andar seleccionando lo que digo me está cansando y ya no lo soporto más. Tengo que encontrar la forma de abrirme y todavía no puedo, sola me cuesta. Y digo sola porque me siento así, no me entiende nadie, ni nadie va a poder hacerlo.
Nada, era eso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario